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Lost in Space

el  Martes, 01 May 2018 13:14 Escrito por 

"DANGER!, Will Robinson."

  • Póster: Póster
  • Titulo Original: Lost in Space
  • Año: 2018
  • Director: Matt Nutter, Tim Southam, Neil Marshall
  • Guión: Matt Sazama, Burk Sharpless
  • Reparto: Molly Parker, Maxwell Jenkins, Parker Posey, Toby Stephens
  • Duración: 600 min.

En 1965, se coló en la mayoría de hogares estadounidenses una serie que para los niños de la época significó una auténtica conmoción. La odisea creada por Irwin Allen y concebida como pasatiempo naiff televisivo con un claro "target" infantil, perduró en la memoria colectiva de toda una generación. Aunque en el resto de países en donde se emitió, no alcanzó las mismas cotas de popularidad, la serie sobrevivió ochenta y cuatro episodios pero fue suspendida abruptamente en la tercera temporada por parte de la CBS. Muchos ven en la dura competencia de la más adulta y reflexiva Star Trek: The Original Series (1966-1969) de la NBC como la causa-efecto de su retirada de la parrilla catódica, pero lo cierto es que la longevidad de las series de temática fantástica no era tan prolongada en el tiempo como lo es actualmente, en donde las plataformas digitales de streaming están jugando un papel revitalizante en lo que podríamos calificar como una nueva era dorada para la ciencia ficción. (¿Para cuándo, por cierto, la adaptación de la saga Foundation de Asimov?. Ya nos tarda, la verdad).

Pero, ¿qué sentido tiene retomar la historia de la familia Robinson, de sobra conocida por todos aquellos seguidores de la ciencia ficción?. ¿No llegó con la fracasada adaptación cinematográfica (no tanto en sus calidades de producción, si no más bien en el tortazo que se llevó en taquilla), que Stephen Hopkins dirigió en 1998?. Pues parece que aún hay una historia por contar y lo cierto es que el hallazgo argumental en la nueva serie que Netflix ha estrenado el pasado 13 de abril se nos antoja notable, por momentos rozando la excelencia.  Frente a la siempre unida y feliz familia americana de la década de los Sesenta, ésa de anuncio de burbujeante refresco, (JFK ya había sido asesinado, pero la Sociedad estadounidense aún conservaba el optimismo vital de la década anterior -aunque bien es cierto que ya estaba dando sus últimos coletazos y tres años después todo cambiaría-), el remake actual nos presenta una familia en proceso de desintegración, con unos roles forzados por las extremas urgencias de supervivencia. Los adultos tienen que soportar el peso de la responsabilidad para salvar el momento tan excepcional que les ha tocado vivir, pero lo mejor de todo es la asunción de compromisos mayores en los niños que se han saltado la gozosa y despreocupada infancia que no han podido disfrutar.

El planeta Tierra, se va al garete. El cambio climático es irreversible y sólo los mejores profesionales de todas las disciplinas podrán participar en la nueva colonización de un planeta idílico. A la cabeza del proyecto se encuentra la brillante científica aeroespacial y física teórica Maureen Robinson. Junto a ella, van sus tres hijos, las adolescentes Judy (doctora en Medicina, altruísta y filántropa), Penny (ensoñadora y aparentemente frágil) y el niño prodigio Will. John Robinson, el padre, es un militar curtido (en la serie original era un científico), que también se apunta a la expedición, aunque con no muy buenas vibraciones para con su esposa. 

Lógicamente, la epopeya sale mal y no consiguen llegar a destino. Quedan varados en un planeta hostil, junto a otros supervivientes y aquí hacemos un alto en el camino para destacar las acertadas localizaciones de rodaje en la Columbia Británica de Canadá, poderosamente realzadas por los CIG capitalizados por Mike Elizalde (al que recordamos en su sorprendente trabajo en Stranger Things). Magníficas, pero no originales, por que recuerdan algo a los parajes vistos en el Prometheus (2012) de Scott y especialmente al diseño de arte en la orografía disfrutada en el Horizon Zero Dawn (2017) de Guerrilla Games.

Y ya que hablamos de las técnicas empleadas, debemos reconocer que las exigencias de Netflix a la hora de cumplir con unos baremos muy concretos para que acepte distribuir, producir o financiar los diversos proyectos las encontramos muy acertadas. En eso no suelen decepcionar y es que obligan a rodar en 4k real (el motivo es por que en EE.UU. la inmensa mayoría de sus suscriptores ven sus series y películas por el P.C. de mesa. Allí la velocidad de la Red es formidable y las pantallas de ordenador permiten visionar a esas calidades), aunque después en post-producción puedan oscilar, para según que cosas, desde el 2k hasta el 8k. Eso lo apreciamos con la poderosa Weapon Red, cámara con sensores que van hasta el super 35mm 8k (sí imperceptible al ojo humano, pero que a la hora de los "cromas" da muchísima calidad por la enorme cantidad de píxeles que tienes para modificar la imagen y ya no hablemos de la colosal cantidad de terabytes que disponen para trabajar). Y eso se nota en el conseguido aspecto visual final. Mucho mérito se debe al rigor de Alfonso Chin (Guardians of the Galaxy Vol. 2 -2017-) y el apoyo de Image Engine Desing (el mismo estudio que desarrolla los efectos especiales para Game of Thrones o para el Jurassic World de 2018). Insistimos; de máxima nota a la hora de desbordarnos con toda su apuesta visual, amplificada por la gran fotografía de la dupla Joel Ransom (que recuerda por momentos situaciones ya vividas en su Battlestar Galactica del 2003) y Sam McCurdy (responsable de las luces y sombras de ese tremendo desparrame que es el Dog Soldiers (2002) de Neil Marshall, que por cierto, también firma la dirección de varios episodios).

Pero volvamos a la familia Robinson y las múltiples complicaciones que le surgen cada dos por tres...

Si en la técnica nada hay que reprochar, en la línea argumental, tras haber disfrutado como posesos con el primer episodio, nos preguntamos si Matt Sazama (autor del texto para la buena The Last Witch Hunter (2015), pero también del truño Gods of Egypt (2016) de Alex Proyas) y Burk Sharpless (firmante del libreto de la curiosa Dracula Untold -2014-) tienen más conejos en la chistera para seguir sorprendiéndonos con el guión. Y la respuesta es afirmativa aunque algún pero se puede poner. Nada que objetar a las excelentes caracterizaciones y los cuidados desarrollos en los personajes principales. Mucho ayuda el excelente casting de John Papsidera, que ya tiene experiencia a la hora de seleccionar, acertadamente, actores infantiles tras su singladura en Ender´s Game (2013). A lo largo de los episodios descubrimos que nuestros protagonistas arrastran deudas y pecados. Todos ellos. Aplaudimos el cariz que toman los hechos y la complejidad de las subtramas a tratar. Tensiones y emociones vividas, como las sufridas en el pozo de brea. Situaciones complicadas con desenlaces muy ocurrentes ("el 50% de posibilidades son malas posibilidades"), como si Spock se disfrazara de McGyver y pasara por el laboratorio de los adultos. Consiguen rizar el rizo, los escritores, apoyándose en conceptos de la Física Teórica plausibles, pero sin olvidarnos que estamos ante una serie de ciencia ficción y no ante la docencia del Cosmos (1980) de Carl Sagan.

El pero lo ponemos en lo poco que nos creemos el rol de la Dra. Smith. Es una dramatización excesivamente caricaturizada. Esos planos fijos con la música en tensión creciente y con el semblante en plan "qué mala soy, preparaos para la que os voy a montar" producen sopor y ralentizan la trama con torpeza. ¡Qué ingenuos son sus compañeros que no se dan cuenta de lo enferma que está la mente de la supuesta psicóloga!. Y no sólo eso; desquicia la capacidad de preveer acontecimientos futuros como si de un demiurgo psicohistórico a lo Hari Sheldon fuera. Aunque aquí pega más al manierismo propio de un Gaius Baltar y es que la alargada sombra del Battlestar Galactica (2004-2009) de Ronald D. Moore está bien presente en esta primera temporada (y no sólo en esta serie. Prácticamente la inmensa mayoría de las producciones televisivas de género beben de las fuentes creadas por el genio nacido en Chowchilla, California).

Dejamos para el final (sí ya estamos acabando, sufrido lector), el triunfo total en el diseño del robot y vemos como un hallazgo que justifica una segunda temporada el origen de dicha I.A. aunque la forma en que el robot granjea su amistad con Will y su posterior expiación roza la ñoñería más previsible, por mucho que el desenlace del último episodio tenga un guiño cinéfilo a dos bandas entre la Ripley del Alien (1979) de Ridley Scott y la del Aliens (1986) del megalómano James Cameron. 

Lost in Space es una serie muy recomendable que suma reconocimentos en su técnica, pero sobre todo, en su historia. Bien argumentada y en su mayoría, mejor interpretada.

Otra cosa es si hablamos de Altered Carbon.

 

 

 

 
El Guerrero Mandingo

Genuflexor Imperial en La Estrella de la Muerte y fagocitador audiovisual inmisericorde.

Y además...

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